Yo también fui zagal. 1ª Parte

niño

Al hilo del articulillo del amigo Manso titulado “Domingo por
la tarde”
se me ocurre contar unas cuantas cosas de mi niñez
que molaban un pegote y ya, por desgracia, han desaparecido
(al menos en nuestro entorno):

Capítulo I: Lo Dulce

Recuerdo con gran añoranza esas tardes en que al salir de la
escuela nos ibamos todos los coleguillas a casa de mi vecino
El Lidu donde nos dedicábamos a bebernos todos los jarabes
medianamente dulces que su madre guardaba en el armario de
las medicinas (nuestro favorito eran unas cápsulas de cristal
de jarabe para la tos con sabor a fresa, super dulce)
Hay que tener en cuenta que en esa época ninguna madre te
daba pasta para chucherías y que en casa lo dulce escaseaba
de lo lindo (exceptuando los Papajotes y Roscos en semana
santa y los Mantecados en Navidad)
Otras incursiones en busca de lo dulce era irnos en verano
a las higueras del barrio de Los Justos subirnos a ellas y
ponernos hasta el culo.
En casos extremos de tremendo monazo nos arriesgabamos
y nos adentrábamos en la chumberas a la búsqueda de buenos
chumbos de secano. La tortura de las espinas nos disuadía
de atacar con más frecuencia.
Luego estaba el plan más elaborado que consistía en levantarse
temprano el fin de semana, pillarse una bolsa de plástico y aven-
turarse en los secanos en busca de Tápinas (Alcaparras) que luego
vendíamos en una casa del Barrio.
Evidentemente con los duros que sacábamos nos íbamos a la
tienda de Adora y nos gastábamos hasta la última moneda en
polos de bolsa Kelia. Ese día todos cagábamos blando.
Lo más chungo estaba en la época de invierno: ni Higos, ni
Chumbos, ni Tápinas, ni polos Kelia (los más baratos)
Había que adentrarse en el espinoso mundo del latrocinio.
Mi primo y yo aparecíamos por la tienda del Telero a la
hora de la siesta (el hombre siempre estaba sobando en un
butacón) y afanábamos píldoras de felicidad en forma de
Panteras Rosas y Tigretones que luego consumíamos con una
mezcla de extasis y terrible remordimiento, lo dos escondi-
dos por ahí.

¡Que tiempos!

Continuará

* Os animo a que contéis vuestras historias de infancia
Cocker

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9 Respuestas a “Yo también fui zagal. 1ª Parte

  1. En mi época de Zagalón, el tema de los Dulces también escaseaba, por varios motivos:

    1. Éramos un millón de primos para repartir 10 duros que nos daba mi abuela anca Trina o en su defecto anca Mercedes. Hay que decir, que de los diez duros, mi abuela, que es peor que nosotros se pillaba un bollo que costaba 5 duros.

    2. Porque los botes de Nocilla volanban sin ni siquiera olerlos, el primero que llegaba se untaba el bocata por dentro y por fuera y metian los dedos “de dos en dos y doblados en forma de pala” … el resto que se joda. Como yo era el más gordo de todos los primos, siempre llegaba el último, y bueno, como apenas me quedaba sin nada de nocilla, aproveché y empecé a innovar para que mi bocata tuviera algo de sustancia… comencé a mezclar nocilla con sobrasada (estaba riquísima), y si quería algo más fuerte… nocilla con chorizo Revilla… después eso sí, liaba unas vomiteras, yo verde perdío vomitando, llorando y mi madre pegandome en la cabeza y diciendome “eso te pasa por bribón y por tonto, qué eres tonto”

    Aunque bueno, siempre había por ahí unos caramelos de peseta de estos de coca-cola que vendían anca el estanquero.

    Pero sí… viva a bollilandia!

  2. Me han encantado vuestras crónicas sobre “lo dulce” … a mi me han venido a la mente recuerdos entrañables de cuando zagal … hasta que una de mis neuronas ha liberado en mi cabeza una palabra que ya tenía muy olvidada, enterrada y superada … "Artinata"

    Hay traumas que es mejor dejarlos donde están.

  3. De todas formas yo soy más de salao

  4. ¡Rascacio! ¿Como te atreves a nombrar lo innombrable?

    “Te tengo que engannllar bien engannllao…
    caaaaaaaaabrón”

  5. Madre mía, Artinata… yo una vez pillé un empacho de eso y me dieron los siete males. No puedo ni olerlo… al igual que las tortillas de atún con tomate Solís… otro de mis famosos empachos.

  6. Tendría que haber hecho un post especial relacionando el post Domingo por la tarde con mi trauma con “las innombrables”.
    Pero francamente… no me siento con fuerzas para enfrentarme a ello

  7. Jeje, muy buenos comentarios todos, y muy buenos recuerdos… Quizás los míos son algo diferentes, por eso de ser un par de generaciones más jóvenes, pero a fin de cuentas no distan mucho…

    Yo más que dulce, recuerdo el sabor amargo de las florecillas amarillas que nacían en cualquier lugar, le llamabamos algo así como “vinagretas´´, era el mejor revitalizante para después de una tarde entera dando balonazos…

    Un saludo desde La Pachanga City.

  8. Pues anda que no he chupado yo vinagreras ni nada!!! ya te digo

    Recuerdo de uno que chupaba hasta los jazmines porque decía que estaba “durcecico” y alguno si que probé.

    jejeje

  9. Madre mia las vinagretas!!!!!

    Las que estaban más buenas eran las que nacian al lado de las pistas, ya sabeis, en frente de la piscina… Por cierto, ahí también nacian unas florecillas moradas que según decían sabían bastante durcecicas, yo no me atreví nunca, puesto que aun estaba con el empacho de las Artinata y repudiaba un poco lo dulce… ahí mi afición a las vinagretas y a las tortillas de atún con tomate solís… ah… y a los bocatas de chorizo revilla con un poquito de nocilla.

    Tontolaba, me ha encantado tu aportación y espero que hagas más aportaciones a nuestros post.

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