Yo también fuí zagal . 2ª Parte

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Capítulo II: Celebraciones (o Convites)

Cuando yo era pequeño los convites eran los mis-
mos que ahora (Bodas, Bautizos, Comuniones y
Cumpleaños) pero ejecutados de  una manera
más “estilo compadre” que los hacía mucho más
divertidos, impredecibles, caóticos y, sobre todo,
surrealistas.

Veamos por donde iban los tiros en estos aconte-
cimientos sociales hace unos añitos:

. Bodas:

Por aquí lo más normal era invitar a medio pueblo
(el otro medio pueblo se sentía ofendido y te critica-
ba cosa fina) y marcarse una buena celebración en
una alhóndiga donde se improvidaban mesas y sillas
con cajas de pimientos puestas en fila (una onda muy
de reciclaje mucho antes de que ninguno supieramos
que coño era el reciclaje) y donde nos apiñabamos
dispuestos a llenar la panza (los niños por un lado
y los mayores por otro)
El menú básicamente consistía en: Choto en Salsa (que
se cocinaba in situ en un camping-gas gigante), Queso
Sudao, Embutidos Variados, Frutos secos a cascoporro,
Pasteles variados (siempre de Rosabego) y demás man-
jares cortijeros.
Todo esto era servido, repartido o esparcido con gran
frenesí y descontrol por los parientes de los novios, siem-
pre al borde de un ataque de nervios por la escandalera y
el caos.
Los niños por lo general en las bodas teníamos un objetivo
bien definido desde el principio: bebernos el máximo núme-
ro de cocacolas posible (en casa los refrescos estaban consi-
derados algo así como un lujo asiático)
Una actividad muy recurrente (y ya de última hora) era mezclar
todo tipo de refescos para ver que salía, cuyo resultado invaria-
blente era un mejunje asqueroso siempre de color marrón.

Bautizos y Comuniones:

Estos “happenings” eran una mezcla entre un cumpleaños y
una boda, con identico menú de esta última.
Se solían celebrar en almacenes o bares de carretera y solían
ser bastante rollo ( no se la razón) aunque había ex-
cepciones.
Por ejemplo: en mi comunión alguien apareció con una
caja de melones Galia que los mayores procedieron a
partir por la mitad, sacar las pepitas y rellenar el hueco
con whisky DYC. El despiporre general fue fino.
Otra cosa que molaba mucho en estos convites eran las
batallas de pasteles que eran una autentica risión.
Los chavales teníamos identica misión que en las bodas
(cocacolas a diestro y siniestro)

Cumpleaños:

Ni macdonalds ni chiquiparks ni mariconadas.
Los cumpleaños se celebraban en tu casa donde
todos comíamos sandwiches de pan Bimbo corta-
dos en triángulo y rellenos invariablemente de
sobrasada, pate (“foligras”) Pamplonica o chorizo
Revilla. Bebíamos Casera-Cola (y/o de Naranja).
Y para rematar, tarta tan empalagosa que te daban
ganas de rasparte la lengua con una lima.
Los regalos eran cosas como: un boli multicolor,
una camiseta Ferrys de interior, una linterna de
petaca,…

Nota: por alguna razón que ahora no alcanzo a
comprender del todo (o a lo mejor si) yo siempre,
siempre acababa todos los convites igual que el
chavalillo de la foto (me identifico plenamente)

Me pillaba unos mosqueos de cojones por las más
variadas razones.

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2 Respuestas a “Yo también fuí zagal . 2ª Parte

  1. Señor Chinchorrero, ha descrito usted muy bien esas pitanzas que todos nos hemos pegado. El objetivo de estas celebraciones era comer mucho, cuanto más mejor, y el de los parientes era hacer que comas mucho más si cabe, ya se sabe, si salias con tanta comida en el estomago que estabas a punto de vomitar, habia estado muy bien, sino no.

    Hay algunas imagenes que recorren mi cabeza, como eran la de aquel grupo de tres o cuatro niños que iban corriendo de un lado para otro peleándose por coger el mayor número de chapas posible, siempre habia alguno que salia llorando. O como la moda de los corbatines, elegancia a-tu-ti-plen, seguro que nuestro amigo Sony Crockett ha pensado en comprarse una.

    Recuerdo que también eran aquellas celebraciones que te podías despegar un poco de tus padres, y le pegabas un tiento a la botella de whisky para ver a qué sabía, o en su defecto le pegabas un par de caladas al cigarro arrugado que habías “sustraido” anteriormente.

    Ya por último, y para buscar un elemento común… siempre estaba la frase de los anfitriones, “¿qué? ¿cómo ha estado?”, para que le dijeras,… “que panzaica de comer nos hemos pegado, tú si que sabes, como se nota que este años los pimientos han valío!”

  2. Enhorabuena tanto por el post como por la aportación del Sr. Manso.

    Centrándome en el tema de las bodas … me vienen a la cabeza fogonazos de imágenes, sonidos y olores.
    Esos bidones de plástico gigantes llenos de agua con hielo donde se enfriaban los refrescos y cervezas, esos sacos de papel (reciclados de la harina de la panadería) llenos de bollos tamaño hamburguesa (solo se usaban para estos tipos de celebraciones) con su característico olor mohoso, esas esperas en la puerta de la alhóndiga hasta que los novios se dignaban a llegar de la sesión fotográfica (idea para un post: Sitios hermosos para hacerte las fotos de después de la boda) …

    Pero que panzás de CocaColas nos pegábamos … Chiquillo!!!

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