Yo también fuí zagal. 4ª Parte

Capítulo IV: Mi centro de divertimento preferio, “El corral de Amelio”.

Hoy escuchando una conversación entre dos de estos nuevos Papás -padres de treinta y poco años- me he dado cuenta lo gilipollas que nos podemos volver con los años, ya que protegen tanto a los niños -eso sí, todos sus hijos son superdotados- que no evolucionarán en su vida, pero bueno, este es otro tema.

Al ajo Paco!

La cuestión es que actualmente los niños flipan por meterse en una jaula llena de bolas -que no digo que esté mal- haciendo un recorrido sobre una serie de toboganes, cubierto de colchonetas para que no se hagan daño, etc… es el mejor sitio a donde los puedes llevar, no existe otro igual.
Bien Señores, voy a deciros que os dejeis de tonterías, ya que cuando yo era pequeño no había otra cosa mejor que hacer que, a eso de media tarde, con el bocata de nocilla y sobrasada en la mano derecha y en la izquierda el palo para matar saltamontes (para echárselos después a las perdices de mi tio) coger rumbo hacia el centro de ocio mas importante que ha existido nunca, este es el que estais pensando… “EL CORRAL DE AMELIO”.
Nos juntabamos unos 5 ó 6 amiguillos del barrio y como si de la Naranja Mecánica se tratase, cogiamos rumbo al Corral de Amelio a ver qué aventura nueva nos podiamos encontrar. Por poneros un poco en situación, dicho corral, estaba compuesto por 4 ó 5 marranos, 6 ó 7 mulos y burros, y unas cuantas cabras, ovejas y gallinas, eso si, estiercol había como para parar un tren. Como extras, podías encontrarte unas cajas de melones podridos, escombros diversos, alguna que otra revista porno, algunos pestuños de mierda junto a las pencas y si tenias suerte podrías ver hasta alguna rata.
En esa época los niños sí crecian creativamente hablando, ya que con cualquier cosa nos inventabamos una historia, ya veis, con un palo y una botella, podiamos hacer tanto guitarras, como armas de destrucción masiva y sabías que podías llegar a casa descalabrado, sangrando, pero eso sí… te lo pasabas de puta madre, y no pasaba nada. No como ahora, entre MacDonall’s, Chiquiparks y tonterias del estilo no conseguimos nada. Estos de los chiquiparks serán nuestros futuros gobernantes… unos blandengues.

He dicho!

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Una respuesta a “Yo también fuí zagal. 4ª Parte

  1. Yo el Corral de Amelio no lo frecuenté pero en otro corral que había justo al lado de la casa de mi primo Manolo hacíamos autenticas virguerías.
    Un día intenté subirme a una oveja de un salto y acabé estampado en un montón de estiercol (ternico, ternico)
    La verdad es que en esa época muy amantes de los animales no eramos.
    Tenia colegas que se dedicaban a matar perros y gatos. Yo me conformaba con apedrearlos (aunque cuando le daba de lleno a alguno me entraba un remordimiento de conciencia algo bárbaro)

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