Mi primer cotillón

Hay que decir que cualquier fiesta que se celebre en mi pueblo tiene su sentido y un objetivo principal, que es emborracharse hasta vomitar o competir por ver quien llega al coma etílico antes.

Pero en este caso, la Nochevieja es algo que se vive de una forma muy especial, ya que no hay cosa mejor que terminar y empezar un año cocío como una mata.

Bien, corría el año 1996 cuando mis padres permitieron que fuera al cotillón de mi pueblo, qué nervios chiquillo cuando me dijeron que sí, casi me cago, era la primera vez que iba a asistir a una celebración de tal calibre.

Esta fiesta tenía una preparación especial que comenzaba un mes antes de su celebración y había que tener los puntos bien amarradicos.

1.- Las Notas: aunque tus padres te decían que podías ir siempre estaba la frase no escrita dependiendo del color que llevase el boletín de las notas. Tenías que estar seguro de no cagarla ni tu ni tus amigos, corrías peligro de no ir…

2.- La vestimenta: como aún estás en fase de crecimiento, tus padres no te compraban un traje, así que utilizabas la americana de paño (en casos normales) más vieja que tenia tu padre, o en su defecto, podrías ser el más elegante del grupo llevando una americana cruzada con botones dorados, al más puro estilo Marichalar, corbata de año de la pera, vaqueros, y poco más, porque para como íbamos a quedar…

3.- La entrada: madre mía como se te olvidase… 5.000 pesetas me costó (en euros, 3 kilómetros).

4.- Nuestro lugar de encuentro antes de ir a la “sala de fiestas” era la plaza de la iglesia para pegarnos los primeros lingotazos de cava… el anís es más propio de nochebuena (animo a que escribáis sobre ella).

6.- El lugar de celebración: mi primera nochevieja se hizo en un lugar emblemático, EL CINE. De hecho tuve la suerte de ir el último año que se celebraba allí, siempre lo recordaré. El cine era lo más parecido a un corral con butacas que se caía a trozos, las paredes estaban vestidas con cortinas de terciopelo rojo –al más estilo Mulin Rulán-, sillas metálicas con asientos de madera, suelo de cemento, un escenario, un patio, entre otros.

Una vez que os he puesto en antecedentes, voy a explicaros como fue mi primera experiencia.

Recuerdo que ese día apenas comí, estaba supernervioso, preparando la ropa, mirando que la entrada no se perdiera, haciendo cábalas con los amigotes para ver quien le tiraba a quien, vamos lo típico. Pasadas las doce y cuarto de la noche, suena el timbre de casa, -madre mía, ya han llegado-, El Colorín y su hermano, El Anoréxico, Juan Paco Pil, Mariano el Marrano, El Negro… no faltaba nadie, -¡qué noche nos espera por delante!-, nos miramos extrañados, todos bien arreglados, -a ver cuánto nos dura-… pasamos por la iglesia, nos encontramos con otros grupos, primer lingotazo y para el cine -sinceramente yo ya llegué un poco tocado-, llegamos a la puerta, aún cerrado… -¡no puede ser!-, la gente se impacienta… y llega la reventona, -madre mía, qué guapa-, retorcijón y a felicitarle el año -yo ya estaba pensando en qué portalillo nos íbamos a morrear- era la noche perfecta hasta que giro la cabeza y… ¿a quién veo? A mis padres, –¡mierda!, se me había olvidado preguntarles si iban a ir para montarme otra historia-. Empezamos a ver qué podemos inventarnos de nuevo para evitar a mis padres y sus amigos. ¡¡¡SE ABREN LAS PUERTAS!!! dios niño qué estampida, todo el mundo a la barra a pedir, parecía que no lo habían probado nunca… la avalancha de personas te hace que antes de darte cuenta tengas dos copas en la mano, por supuesto la chaqueta ya no la llevaba… no sé qué pasó con ella. Comienza el baile, empiezo a ver como la gente ya está eufórica perdida, con los brazos en alto, las camisas desabrochadas, y tirando las copas… sólo había pasado media hora. Viendo que no iba a aguantar el ritmo impuesto por los colegas, empiezo a tomar posiciones para ver si puedo arrimar cebolleta con la reventona, -se hace la estrecha-… dos lingotazos más, ya estaba que no podía… pero sigo con mi baile ecléctico y sin sentido, miro a un lado y a otro desorientado, y veo al Colorín meterse una copa a palo seco de whisky DIC, se la toma al tirón, y dice, ¡¡llevo 4!!… -dios qué ritmo, necesito aire-. Salgo a la calle, y ¿a quien veo?, al Colorín vomitando desmesuradamente encima de un coche.. -¡qué capullo!-, salen mis padres, -¿¡qué pasa!?, hay que llevar a este niño al ambulatorio-, ¡¡pum!! Ostia que me llevo, va mi padre mi y me pega una colleja por que mi colega estaba a punto de caer en coma etílico… -¿qué culpa tengo yo?-… pues nada, ahí se cortó el rollo, mis padres nos cogieron a todos y nos llevaron a casa, menos al Colorín… así que, ni morreo, ni borrachera, ni ver amanecer en segunda linea de playa, ni churros… Te la tengo guardada Colorín.

Aún así esto marcó mi vida…..

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4 Respuestas a “Mi primer cotillón

  1. ¡Vibrante alegato social!

  2. Pelos, las cosas en mi pueblo se viven como si el mañana no existiera… vamos al limite!!!
    Que decidimos ir a misa,
    Que decidimos hacer facturas,
    Que decidimos arrascarnos el culo con el suelo…

    En cada uno de esos eventos,

    1º Habrá una barra
    2º Nosotros lo hacemos siempre a topeeee!

  3. Qué historia más bonita, tiene de todo, peleas, amor, borrachera, amistad, la primera vez. Yo recuerdo mi primer año de San Juan y de como dos horas después de llegar a la playa mis padres me estaban duchando en pelotas en la bañera.

  4. Interesante documento amigo Manso.
    Me identifico plenamente con historia
    ya que yo también he sufrido y disfrutado
    en mis propias carnes los cotillones del
    cine San Roque.
    Recuerdo la primera fiesta que organizó
    Fernando “El del cine” en plan colegueo.
    Fue un poco rollo y lo único destacado
    fue que “El Cañón” nada más llegar se
    sentó al lado del tocadiscos con una botella
    de Banllatines en una mano que fue tragando
    a lo largo de la velada mientras ponía música
    siniestra (tipo: The Church, Sisters of Mercy,etc)
    Cuando terminó de bebérsela se
    levantó y se fue dando tumbos a su casa sin decir ni media
    (sin decir ni mierda)
    Mi segunda vez fue altamente satisfactoria.
    Me pillé un morao muy de buen rollo con todos
    los colegones. En meido de todo el frenesí
    del sarao localizo con mi georadar a una roquetera
    despistada y allí que me lanzo y justo cuando estaba
    en todo lo mío (bailes acrobáticos inclidos) una mojonera
    cachonda salida de la nada me atrapó en sus fauces y
    ahí me quedé, calentico y apretujao toda la noche. Triunfo
    absoluto (¡aleluya hernanos!)
    Luego esto tuvo unas consecuencias bastante
    desagradables que ahora no vienen al caso.
    La tercera vez fue exactamente el reverso de
    la segunda. El coñazo del siglo aderezado con
    ingentes cantides de alcohol combinado (y no me
    preguntéis por qué) con Puleva de chocolate.
    Ni que decir tiene que hice el ridículo a base de
    bien.
    Aun así, no me arrepientod e nada.

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